LA PRISIONERA



Había una vez un rey que tenía una única hija, de 18 años. Contaban que ella murió  por culpa de un príncipe muy malo. La historia comienza así:
La princesa estaba en el bosque recogiendo flores, pues le gustaban mucho, pero eso la condujo a la muerte. Josué era un príncipe muy malvado y ambicioso, lo único que deseaba era quitarle al rey todo el oro que tenía. Como sabía que todos los sábados su hija iba a recoger flores decidió ponerle una trampa, mientras ella caminaba oliendo flores él se acercó calladito y le tapó la boca, ella quería gritar pero Josué le dio una cachetada que la desmayó.  
Luego la llevó al castillo y la tuvo prisionera hasta que su padre venga a rescatarla. Cuando el rey se enteró y fue hablar con Josué para ofrecer todo el oro que tenía a cambio de libertad a su hija, pero ya era demasiado tarde porque ella había muerto, Josué la había matado.
Desde aquel entonces el rey pasaba todo el día llorando, para él ya no existía la felicidad. Se preguntaba ¿para qué tengo todo mi palacio repleto de oro si no tengo con quien compartirlo?, de pronto escuchó una voz que veía desde el cielo, era Dios quien le había respondido : “Tú puedes ayudar a varias personas que no tienen nada”. ¿Pero cómo puedo hacerlo? – dijo el rey; “compartiendo lo que tienes con los pobres, pero no lo que te sobra “- exclamó el señor.
En ese momento, el rey reflexionó y empezó a hacer grandes banquetes en el palacio donde sus principales invitados eran todos los mendigos de la ciudad a quienes además de comida les ofrecía vestimenta y alojamiento.
De allí el rey nunca más volvió a sentirse solo ni triste; al contrario, por primera vez conoció la FELICIDAD.









AUTOR: Karla Palomino ly.

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